Ocurrió en Mataró…

Viajaba Santi en ascensor zampándose una de esas madalenas de factura ecologista (de las rellenas de zanahoria, nueces y tanta fibra que al final acaban pesando como un entrecot), cuando se le cruzó un argentino, con todos sus tics de argentino, y le increpó: "Dónde vas?! ¿De dónde sacaste esa madalena?! Vos me habés robado la madalena! Oíme boludo, yo había guardado dos madalenas, y vos me las jodés delante de la cara?!" A lo que Santi respondió con dificultad y la boca llena: "Nof! por diof! Jo nof he cogidof nadaf. Coff coff... eftaba enfima de la mesa del catering. Yo...". "No me jodás! --insitía el acusador--. Me repatea el estómago que encima digás que no! Tenés la desfachatez de joderme una de las dos madalenas que yo guardaba y encima me decís que no sos vos?!". Santi bajó la mirada, tragó y sin mirar apretó el botón del ascensor para volver a subir a la escena del crimen. "Ahora vas a subir conmigo y vamos a ver si están allí tus dos madalenas de los cojones." A medida que ascendía el ascensor, el chico albiceleste aflojaba su discurso. Sólo en ese momento consideró el pibe la posible inocencia de Santi. Un temor que, al llegar ante la mesa y comprobar con sus propios ojos que allí delante seguían sus dos bollitos multiculturales y antiglobalizadores, se convirtió en toda una verborrea de educadas disculpas.

Sobre el concierto, tocamos 50 minutos, y el trato con el público y la organización fue exquisito.

Ocurrió en Arbúcies...

Ya habíamos tocado, de modo que algunos andábamos poniendo a prueba nuestro equilibrio con la ingesta de brebajes varios. JoanRa acababa de regalar al festival su performance de la piscina. A saber: exhibirse completamente desnudo por el borde de la piscina, saltar al agua haciendo la bomba, sumergirse cual beluga resplandeciente, batir con fuerza las piernas para formar espuma, bucear intentando tocar el suelo sin conseguirlo, salir escupiendo un hilillo de agua clorada, hacerse el muerto, volver a la vida, nadar unos metros estilo espalda, otros tantos modalidad perrito. Aunque lo que se le da mejor y todos aplaudimos extasiados es cuando hace unos metros estilo crol y otros estilo trol. Lo normal. En su mente perturbadamente cinematográfica nos contaba que, al salir del agua, Elena (Facto Delafé, Élena) le había llevado una toalla blanca y le había secado con dulzura. Babeó mientras nos lo explicaba. Así, confiado y algo torcido, vislumbró a lo lejos a una figura reconocida y masculló: "Eh! Farfisa! Eh! Me molan mogollón tus discos! Farfisa! Farfisa!" "Jo no em dic Farfisa. El meu nom és Sisa", puntualizó ofendido el galáctico. "Vale! Fem-nos unes fotus amb el Farfisa!", increpaba al resto de los lesbianos por allí presentes que intentaban sin éxito esconderse. El problema es que todos íbamos con la equipación nipona y éramos fácilmente asociados con un JoanRa fuera de sí. "Ei, va, tíos! Unas fotos con el Farfisa! Va, tío, te regalamos un disco."
Bueno, el maestro Sisa ya tiene un disco lesbiano.
Unos momentos antes, y en mi encuentro con el mismo cantautor, éste ocupaba su mano derecha con la mía en señal de saludo cordial mientras con la otra cogía una de esas latas de cerveza festivalera diseñadas por Custo. Dios! Sólo espero que no se acerque a nuestro disco del modo en que examinaba aquella cerveza: "Voleu dir-me de veritat que això és una cervesa?!" La suspendía a dos dedos de su nariz y luego la alejaba para mirarla a distancia. "No foteu que això és una cervesa", confesaba entre sorprendido y decepcionado.
Sobre el concierto, la versión oficial cuenta que tocamos 50 minutos, aunque hay algo que no encaja, ya que tuvimos que suprimir dos canciones del repertorio en el tramo final del show. Una lástima. El festival estuvo genial. La organización formidable y el trato muy familiar. Volvemos el año que viene, pero en calidad de público.

Ocurrió en Torroella de Montgrí...
Para situarnos tengo que decir que el festival de Torroella es un evento internacional basado en actuaciones de música clásica y que desde hace unos años tiene el buen gusto de acoger a grupos de pop con prestigio como nosotros. Ejem. Para contextualizar un poco más, os cuento que el concierto se celebraba en el claustro del Convent de Sant Agustí. Un lugar que emanaba misticismo y respeto. Más aún cuando vimos todas aquellas sillas predispuestas para que el público se sentara a ver el concierto. "Hoy pasamos de disfrazarnos, no?", dijo alguno. Sobre el concierto, tocamos 1 hora y 15 minutos y tuvimos que salir dos veces para hacer bises. Pero bises sinceros, de aquellos que no preparas y que te sorprenden. El último fue Shiwa, completamente desconectados delante del escenario y con todo el público en pie a nuestro alrededor.

La anécdota ocurrió después del concierto, cuando sudados y risueños entramos en el camerino y aparece el director del festival, un hombre de porte elegante y rictus académico, que se acerca a nosotros y nos espeta: "No puedo decir que me haya gustado... pero me habéis interesado." oOOOOoOoOLé! "Me recordáis un poco a los Mustang y a los Sirex", prosiguió el hombre tratando de parecer accesible. Alguno de nosotros quiso decirle que esa similitud se debía a que todavía no hacemos música con clavicémbalos ni violines sino con instrumentos eléctricos. En fin.

Por último, quisiéramos destacar el esfuerzo de Baldo para venir al concierto. Paso a enumerar su trayecto para llegar al evento y resaltar su gesta épica: Barcelona-Ibiza, Ibiza-Formentera, concierto con Sidonie. Formentera-Ibiza, Ibiza-Denia, Denia-Torrent, concierto con Sidonie. Torrent-Barcelona. Ducha. Barcelona-Torroella, concierto con Love of Lesbian, Torroella-Barcelona. Muerte neurológica. Aun así, a la vuelta, y haciendo gala de su buen humor, Baldo nos llamaba desde su coche y nos contaba chistes con el manos libres para amenizar el trayecto. Vaya tipo!

Hoy concierto en Papiol!

Estaremos tocando a eso de las 2.30 de la mañana.

De antemano, espero nos disculpen por todo lo que pueda pasar hoy.