Hoy, en lo alto de un edificio, tendiendo la ropa con tres manos para poder aguantar lo que octubre nos da para fumar, he pensado dos cosas: La pRimera hacía referencia al grupo y a las canciones, y he imaginado que éramos un pugil gordo subido a un cuadrilátero, dando golpes al aire a destiempo contra un adversario convertido en reloj. Fino y preciso, que sabe lo que se hace. Que se muestra constante y conocedor de cuándo es su turno. Y yo mientras... lento, torpe y gordo.

La seguNda hablaba de mi cotidianidad: he decidido dejar de coleccionar pinzas rotas. Las voy dejando, las voy dejando en el cesto de las pinzas y, después, el solo hecho de tender la ropa se hace eterno al tener que buscar las que son funcionales entre las que no lo son. Estas últimas, al final, creo que no voy a poder utilizarlas nunca. Pero es que después de tantos años de dedicación a esta práctica mal llamada manía molesta por mis más allegados... ahora tirarlas... así como así...

Bueno. Por aquello de que esto es un bLoGG y hay que ir escribiendo. Eso, y que vuelvo a estar conectado en casa después de seis meses de furtivas consultas en ordenadores ajenos. Imagínense! Yo! Adicto donde los haya!