Toda la semana excitados. Las órdenes eran claras. Cada uno de nosotros ocupado en una tarea precisa. Nada podía fallar. No hizo falta insistir. Ni recordarle nada a nadie. Éramos engranajes perfectos organizados bajo un solo objetivo: Habíamos sido convocados a una barbacoa lesbiana.

Lo más gracioso de todo esto es que nos cuesta mucho más compatibilizar nuestros calendarios particulares para cerrar un concierto que para ponernos a comer. Y esta vez era complicado. Carritos, pañales, bidones con hielo, 1 niño, pelotas, dos madres, juegos variados, dos niñas, decenas de latas de cerveza, cinco lesbianos, litros de vino casero, tres novias, kilos de carne temblando ante las brasas, alkaseltzer, ...

Hemos descubierto que no nos hace falta ensayar para hacer una buena barbacoa. Y eso significa que probablemente acabaremos anunciando una agenda de costilladas en lugar de conciertos. Sick!
Así es. Nos mueve el estómago. Así de viscerales nos ha vuelto el indie. re-Sick!